Posteado por: K010T | Agosto 23, 2007

Agosto II

El punto de destino de estos inolvidables viajes siempre era el mismo. Un precioso pueblo de la costa levantina llamado Altea, a poquitos kilómetros de Benidorm. Allí, concretamente frente a la playa del Albir (perteneciente a la cercana localidad de Alfas del Pi), se encontraba situado el camping de nuestro entrañable amigo Pepe, el camping Las Palmeras, destino último de tan singular viaje, y campamento base de nuestro periodo vacacional.

Allí solíamos tener, siempre reservada de antemano, una buena parcela para instalarnos, en una situación alejada de los campamentos mas “ultrasur”, con buena sombra, y situada lo bastante cerca de la zona de baños y lavaderos, pero no tanto como para estar en el camino de paso hacia la misma.

Recuerdo como, cada mañana me acercaba hasta las lonjas del puerto a buscar una buena bolsa de hielo por un precio simbólico, con la que llenábamos la nevera de camping correspondiente (aún puedo verla, una nevera naranja completamente rayada del trasiego), y que nos permitía mantener las bebidas frescas y conservarlos alimentos perecederos. También me puedo ver por el camping recopilando botes de champú y gel vacíos de las duchas (creo que fue una de las primeras colecciones que recuerdo), cogiendo caracoles de las campas cercanas que a menudo utilizábamos como cebo para pescar, o tumbado bajo la sombra de uno de aquellos eucaliptos enormes, leyendo algún comic o realizando las tareas del colegio.

Estaban estos días repletos de momentos especiales. Cuando nos acercábamos los martes al mercadillo de Altea y pasábamos toda la mañana curioseando entre puestos de comida, ropa e incluso “electrónica”; pasando la mañana en la playa que teníamos solo con salir del camping y cruzar una carretera, la única playa que yo conocía entonces donde no había arena, sino piedras y que, unido al hecho de que cubriera mucho, casi en cuanto entrabas al agua, no la hacía muy de mi gusto. Fue aquí donde descubrí el topless, todo un gran descubrimiento, sin duda. Las tardes se dividían en días pares e impares. En unos, nos íbamos a Benidorm a pasar la tarde en la playa (allí si que gozaba como un indio), y cuando el sol ya casi se había puesto por el horizonte, nos adecentábamos (creo que era el único momento en el cual usaba camiseta y zapatillas en todo el mes) y paseábamos y callejeábamos por la ciudad hasta la hora de cenar. El resto de los días, invariablemente, nos ibamos al espigón del puerto deportivo y mientras mi aita y yo pescábamos toda la tarde sin descanso, mi hermana y mi ama tomaban el sol, jugaban o paseaban por ahí. Todavía hoy, tengo mis dudas sobre si mi padre no me llevaría realmente, a pescar a alguna suerte de piscifactoría. Había muchas tardes, que recuerdo no poder cargar con el cubo en el que metíamos los peces de lo que pesaba. Recuerdo incluso, en una ocasión, haber atrapado un pulpo bastante grande con mis manos como única herramienta. Y es que, también podía con mi paciencia en ocasiones, el arte este de la pesca. Entonces, allí mismo me tiraba al agua y nadaba entre los aparejos de las cañas, o paseaba por el puerto deportivo admirando yates de lujo y coches deportivos que solo allí podía ver.

La cuestión es que hoy, transcurridos aproximadamente veinte años de todo esto, me cuesta muchísimo imaginar que hoy se pudieran vivir unas vacaciones así. Por muchas circunstancias. Primero, porque hoy, se trata de competir con nuestro vecino, en cuanto a ver quien hace unas vacaciones mas supermegachachis de la muerte, mas cool y mas inn. Pero además, porque hoy no se podría repetir un viaje similar aunque estuviéramos dispuestos a vivirlo;el camping en cuestión, lo ha ocupado un complejo de apartamentos de supermegalujoquetecagasmorena; incluso, estoy convencido de que hoy, los pescadores furtivos que se atreven a ensuciar el paisaje colindante al puerto deportivo, sin vestir con los preceptivos naúticos y los polos de Lacoste, son perseguidos y deportados del lugar sin compasión. ¿Que no eres del sector del ladrillo? ¡¡¡ Vamos hombre…. !!!!!

Alguna vez he deseado volver por allí. De verdad que me encantaría hacerlo, pero de otra parte, temo la realidad me sacudo una buena bofetada. 

Que pena me da pensar en ello. Que mierda de vidas y de país.

Hoy, toda mi fortuna está compuesta por recuerdos de este estilo. Y me considero un tipo realmente afortunado.



Respuestas

  1. Todo muda, a veces a peor y a veces a mejor, pero tú mismo lo dices, eres afortunado por poder recordar esas sensaciones y vivencias. Al final es de lo que estamos hechos.
    Saludos.

  2. Yo si estoy seguro de estar hecho, en buena parte de estos retazos de pasado. La verdad es que me cuesta horrores fijar temporalmente las vivencias, quiero decir, saber que esto o aquello lo viví con seis, con doce o con cuatro años, pero bueno, al menos son bellos recuerdos que permanecen ahí.


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